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Leyendo a Pessoa
Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.
PESSOA
(a Armando Arteaga)
¿Quién soy?
¿Seré alguien cuando sea grande?
Estoy prohibida de ser
Porque el fuego es la hoguera.
Al margen de ello, todas las ilusiones habitan en mí.
Amor estás de pie sobre mis versos
Puerta de mi habitación Una puerta al mundo
Ventana de la habitación de una serie infinita que pocos saben a dónde da (y de conocerse, ¿qué dirían?),
Fénix se consume Y de sus propias cenizas resucita
El corazón nunca duerme
Siente al enigma de una callecita surcada a menudo por gente
Una calle difícil a todas las ideas, verosímil
Irreal, posiblemente incierta, realmente innegable,
Con el secreto de las cosas bajo el cemento,
las piedras y los árboles
Con la muerte pintando de invierno las aceras y enrojeciendo
la cabellera a las mujeres,
Con el azar que guía la carreta de todo por la senda de nada.
Las mujeres llevamos el infortunio de la historia
Y el peso del presente como una bolsa de piedras.
Me siento rendida, como si supiese algo nuevo
Estoy despierta, como si estuviese a punto de partir,
y tuviese poca hermandad con los objetos
sólo la de una despedida, llevándose este trocito de calle
en los vagones de un tranvía, y el silbo de su adiós
el sonido del silencio dentro de mi cabeza,
fatigados mis brazos y destemplado mi ser al arribar
al destino de una estrella que cae,
a la verdad
a la casa vacía
a la carpa de la muerte
como un simple animal vencido.
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